Mi papel como agente de paz
Reflexionar sobre mi rol como
agente de paz ha sido el ejercicio más retador de este proceso. Estamos
acostumbrados a pensar que la paz es responsabilidad del gobierno, de las
instituciones o de los acuerdos internacionales. Sin embargo, los recursos del
tercer corte me ayudaron a comprender que la construcción de paz empieza en las
relaciones cotidianas, en las decisiones que tomamos cada día al compartir el
espacio público.
En el contexto de la
inseguridad vial, ser agente de paz significa: respetar las señales de tránsito
no por miedo a una multa sino por convicción de que mi conducta afecta al otro;
reconocer que el ciclista, el peatón y el motociclista tienen el mismo derecho
al espacio que el conductor de un automóvil; y promover en mi entorno familiar
y social una cultura de movilidad solidaria.
La educación para la paz, según
lo trabajado en el tercer módulo, no es un contenido escolar más: es una
práctica de vida que transforma las relaciones humanas. Aprendí que no necesito
esperar a que cambien las leyes o la infraestructura para empezar a construir
paz; puedo hacerlo desde mi forma de moverme, de comunicarme y de relacionarme
con quienes comparten mi entorno.
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